lunes, 8 de octubre de 2007

Compañero, Así mueren los hombres de verdad.

Mientras el sol se apagaba bajos las nubes tempestuosas del principio de agosto, entre la mente recorrían ideas utópicas de civilizaciones perfectas incorruptas y vertiginosas. Recordando a los caídos en batalla, héroes engrandecidos con su aura de valentía dorada. Sus rostros bailaban tiritando, entrelazándose entre si haciendo personas nuevas, todas con rasgos de innegable coraje, con sus ojos embravecidos perdidos al horizonte; un horizonte de maldades injustas .Herido, Apesadumbrado, solitario, y desplomado sobre una roca pensaba en todos ellos en sus sonrisas perdidas, en todas esas ideas sin gestar ,en toda esa particular visión que compartían. El carmesí de la sangre se mezclaba con el agua verdosa del pantano. El plomo de la bala ardiente empezaba a enfriar. La nube cegante de dolor que negaba la vista se hacia mas grande; mas espesa. La conciencia se disipaba entre los dedos como el aire. Un ideal por la vida entera, sin saberlo esta frase se le imprimió en el corazón , mientras este dejaba de funcionar.

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